La esfinge de los hielos by Verne Julio

La esfinge de los hielos by Verne Julio

Author:Verne, Julio [Verne, Julio]
Format: epub
Tags: General Interest
Published: 2009-11-08T17:11:47+00:00


XVII

¿Y PYM?

La decisión del capitán Len Guy de abandonar al día siguiente el anclaje de la isla Tsalal y de volver a tomar el camino del Norte, aquella campaña terminada sin resultado, la renuncia a buscar en otra parte de la mar antártica a los náufragos de la goleta inglesa; todo esto se había tumultuosamente presentado a mi espíritu.

¿Como? ¡La Halbrane iba a abandonar a los seis hombres que, según el cuaderno de Patterson, se encontraban algunos meses antes en aquellos parajes! ¿La tripulación de la mencionada goleta no cumpliría hasta el fin el deber que la humanidad le imponía? ¿No intentaría lo imposible para descubrir el continente o la isla sobre la que los sobrevivientes de la Jane habían podido refugiarse al abandonar la isla Tsalal, inhabitable desde el temblor de tierra?

Sin embargo, no estábamos mas que a fines de Diciembre, al siguiente día de Navidad, casi al principio de la buena estación. Dos meses de verano nos permitirían navegar al través de aquella parte de la Antártida. Tendríamos tiempo para volver al círculo polar antes de la terrible estación austral. Y he aquí que la Halbrane se preparaba a poner el cabo al Norte.

Sí; tal era el pro de la cuestión. Verdad, tengo que confesarlo, que el contra se apoyaba en argumentos de valor real.

En primer lugar, hasta aquel día la Halbrane no había marchado a la ventura. Siguiendo el itinerario indicado por Arthur Pym, dirigíase a un punto claramente determinado: la isla Tsalal. El infortunado Patterson afirmaba que en esta isla, de yacimiento conocido, era donde nuestro capitán debía recoger a William Guy, y a los cinco marineros que habían escapado de la traición de Klock-Klock. Pero no les habíamos encontrado, ni a ningún indígena de aquel pueblo arrasado, no se sabe por que catástrofe, cuya fecha ignoramos. ¿Habían logrado huir antes de dicha catástrofe, que se efectuó después de la partida de Patterson, es decir, desde hacía menos de siete u ocho meses?

En todo caso, la cuestión quedaba reducida a este sencillo dilema- o la tripulación de la Jane había sucumbido y la Halbrane debía, partir sin dilación, o aquella había sobrevivido y no se debían abandonar las pesquisas.

Y bien: aceptando el segundo término, ¿qué se debía hacer más que escudriñar isla por isla el grupo del Oeste señalado en la relación de Arthur Pym, grupo donde acaso no se habían sentido los efectos del terremoto? Además, en defecto de este grupo, ¿no habían, podido los fugitivos de la isla Tsalal refugiarse en alguna otra parte de la Antártida? ¿No existían numerosos archipiélagos en medio de aquella mar libre que la embarcación de Arthur Pym y del mestizo habían recorrido hasta se ignoraba dónde?

Verdad es que, si su canoa había sido arrastrada más allá del 84º, ¿dónde hubiera podido tocar en tierra, si ninguna había, ni insular ni continental, en aquella inmensidad de agua? Aparte esto, en caso de repetirlo, el final de la relación está lleno de cosas extrañas, inverosímiles, confusas, nacidas de las alucinaciones de un cerebro casi enfermo.



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